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martes, 12 de noviembre de 2013

AMBIVALENCIAS CONCEPTUALES

Jefe negociador del gobierno diálogos de  la Habana
Resulta para mí comprensión sumamente desconcertante la actitud que asumen muchos miembros de la sociedad en diferentes naciones, que ante el despliegue de informes tendenciosos o noticias colmadas de ambigüedades, aceptan tales informaciones con total certeza como consecuencia del poco interés en profundizar en el origen y causas de los hechos sujetos a estos significados dudosos, sin discernir lo contradictorio de los mismos,  asumiendo posturas tan antagónicas gracias a juicios puritanos, que finalmente son el interés que persiguen los medios manipuladores de la opinión pública.

Como puede ser posible que el colombiano promedio no comprenda que el proceso de paz con la insurgencia, se efectúa con el grupo de ciudadanos que a través de los últimos 55 años y con el poder de las armas han desafiado la estructura política, económica y social tradicional e impuesta por el liderazgo criollo desde la época de independencia. 

¿Poca información? O será desconocimiento histórico.  


Por ello la ideología, las actuaciones y decisiones  de estos grupos guerrilleros han estado orientadas a desestabilizar al notariado que ostenta el poder desde los comienzos de la época republicana, quedando el resto de nosotros en medio de esta guerra, y para superarla se hace necesario realizar concesiones, algunas muy audaces y otras que  desafían el ordenamiento jurídico que nos rige; de tal forma como Santos lo argumento en su alocución del pasado 6 de noviembre, en donde reafirmó que  negociamos la paz con el enemigo no con los amigos.

La ciudadanía anhela el fin de las hostilidades, desea la paz, pero cree absurdamente que las Farc están derrotadas militarmente o en proceso de ello, lo que es un exabrupto mayúsculo como lo demuestran la finalización de conflictos en centro américa y el África en los recientes años, a través solo de la negociación política que ha permitido el final de estos ruinosas guerras; no existe en la historia contemporánea un ejército que haya triunfado sobre fuerzas irregulares que combaten como guerrillas, solo observen el estancamiento en Afganistán entre Talibanes y fuerzas combinadas de estadounidenses y sus socios de la OTAN, la mejor maquinaria bélica del mundo en contra de grupos mal armados y poco entrenados, y este  conflicto está empantanado.

Pero claro el mensaje superficial y confuso de Uribe y sus muchachos desconcierta y desorienta a la opinión pública del país, a ello añadamos el papel ambiguo de mucho medios noticiosos, las frases y discursos ambivalentes de algunos miembros del gabinete presidencial y las poco oportunas intervenciones del procurador Ordoñez, enemigo del dialogo y de la acción de credos políticos ajenos a su medieval manera de interpretar la ley y la moral; persuadiendo a los incautos y desprevenidos compatriotas que realizan juicios de moral en contra de los insurgentes, en los que se terminan contradiciendo hasta las propias creencias religiosas, solicitando justicia, léase venganza, rebatiendo las enseñanzas cristianas que dice defender Ordoñez y toda la derecha criolla, criterios religiosos que nos hablan de olvido, perdón y amor inclusive para nuestros verdugos.

Indiscutiblemente argumentos religiosos que la gran mayoría no somos capaces de aplicar y que demuestran la hipócrita postura del procurador y todos los falsos cristianos que habitan en la derecha política de Colombia, pues ellos predican actuar en defensa de esta Fe.    

¿Entonces realmente que somos y como razonamos nuestro futuro accionar?

Pregonamos pacifismo, tolerancia, respeto y sosiego pero en realidad practicamos la venganza, la disputa, el fanatismo y la obstinación en contra de todo aquel que nos enfrente o agreda así sea en mínima expresión.

Nuestro estado de sociabilidad y de observancia al credo religioso solo aplica entre nuestros limitados grupo familiares y el entorno social cercano que nos favorece,  para el resto del colectivo solo hay injusticia, condena, desprecio y rechazo.

Simplemente los conceptos que nos inculcan para interactuar como miembros de la sociedad se aplican de manera selectiva y proporcional a nuestros intereses, el resto de ideas que nos invitan  a ser civilizados se emplean para sostener las mínimas prácticas sociales que eviten nuestra propia eliminación de la faz del planeta.

Finalizo reflexionando si por alcanzar la paz estaremos dispuestos a sacrificar nuestras demandas personales de justicia o de venganza y lo acataremos como el tributo que significa el bienestar de toda la nación.

Actuaremos como colectivo organizado o las divergencias conceptuales serán la respuesta para continuar como hasta ahora actuando individualmente, sin tener la capacidad de aglutinarnos para garantizar la conclusión y ejecución de los acuerdos que se establezcan en la Habana entre guerrillas y el estado.

lunes, 8 de octubre de 2012

NARCOTRÁFICO TERRORISMO Y POLÍTICA EXTERIOR

Reunión de comandante de policia de América

Fotografía Pagina web de la Policia de Colombia
Indiscutiblemente existe un vínculo entre el terror como expresión de poder y sometimiento, con las manifestaciones criminales, sin importar si estas proceden del índole económico o del político.

Por ello el narcotráfico y la lucha política armada, comparten esta deshonrosa característica a pesar que el primero es la manifestación de los vicios y la codicia extrema humana, mientras la lucha insurgente es la expresión de la búsqueda de alternativas de cambio que agotaron el camino político normal.

Como consecuencia de esto, se hace evidente que las naciones acojan mecanismos de política exterior, para aunar esfuerzos en la pretensión de controlar muchos de estos sucesos, que se sirven del terror como parte de su estrategia para perpetuarse en su accionar.

Y gracias a la globalización que es la poderosa fuerza que impulsa el despliegue de acontecimientos multinacionales, estos problemas se han transformado en asuntos de toda la comunidad internacional.

Tristemente los grupos insurgentes que aun subsisten, nutren sus tesorerías a partir de recurrir a métodos cuestionables y contrarios a su propia ideología, como el narcotráfico, creando un diabólico enlace de violencia corrupción y lucro excesivo.

Por ello países como Colombia, Venezuela, Honduras, Salvador, Guatemala, Bolivia, Perú y México acometen una lucha sin cuartel contra uno o los dos problemas vinculados para el análisis de hoy.

 De ahí lo interesante en valorar y analizar los esfuerzos de política exterior que se realizan entre estos estados y bajo la supervisión del mega estado norte americano quien funge como súper policía mundial, determinando en últimas los correctivos y las aplicaciones policiales, militares y judiciales para combatir las dos manifestaciones de terror.

Ahora que los habitantes de Venezuela eligieron nuevamente presidente para los próximos seis años, y los ciudadanos de Estados Unidos se alistan en noviembre a elegir al de ellos; resulta de mucha actualidad, pensar si las presentes políticas para combatir el tráfico de alcaloides y procesos como el recientemente establecido con la insurgencia en Colombia, auguran una disminución de las prácticas coercitivas y de terror en la región y favorecen la disminución de la producción, comercialización  y consumo de las sustancias narcóticas prohibidas.

Porque resulta también obvio que la coacción ejercida por los carteles Mexicanos en contra de autoridades municipales, policiales, periodistas y ciudadanos del común que se han atrevido a cuestionar su accionar en internet, es igual de cruenta y ruin a la represión que la insurgencia colombiana aplica  contra la población civil en caseríos y pueblos alejados de los grandes centros poblacionales del país, o de la misma naturaleza a la que practican los Maras centroamericanos en su proceder provisto de acciones  sanguinarias e inhumanas, comprobando que simplemente la violencia es la misma, así sus fines sean políticos o simplemente económicos, además de ser el origen para que se desarrollen mas pretextos para la intimidación y la guerra.

De ahí que a veces resulta sorprendente asimilar y descifrar el interés, y la efectividad de las políticas que desde los Estados Unidos se imponen a los países latinoamericanos, inmiscuidos en este litigio social, porque mientras los analistas en Washington D.C. y en las embajadas desplegadas por la región persisten en soluciones de carácter policial, militar y judicial, desestiman casi por completo el componente social que origina este azote colectivo, con lo que poco se contribuye a resolver los problemas de iniquidad, incultura, salubridad, injusticia y desplazamiento forzado, calamidades todas que refuerzan otro contratiempo como lo es la inmigración ilegal hacia el estado norteño, asunto que si mortifica profundamente a los ciudadanos de ese país.

Adicionalmente acontecimientos como el despojo de la tierra en Colombia, causa principal del desplazamiento de miles de ciudadanos que saturan los cinturones de miseria de las capitales principales del país, y son la fuente de nuevos trabajadores al servicio del narcotráfico o de la insurgencia, historia que con certeza se debe repetir en otros estados de la región y para la cual la única herramienta disponible  es la represión, dejando de la lado la prevención con campañas de educación masiva, fomento a las micro empresas familiares y apoyo decidido a las políticas de restitución de tierras y de atención y reparación a las victimas de los diferentes conflictos que se han escenificado por el territorio de estas naciones, por lo que en consecuencia  necesariamente continuaremos asistiendo a la repetición de los mismos hechos delincuenciales  y de terror sin solución y desprovisto de evolución hacia la estabilidad y la tranquilidad social en estos países.

¿Será que los estrategas norte americanos no tienen el sentido común para visualizar este tipo de soluciones? O el establishment de ese país ha instaurado unas rígidas políticas que benefician a la industria de armamentos y al estamento policial y militar de ese estado, que además no conlleva graves prejuicios sociales o violencia extrema a sus conciudadanos , por lo que resultan muy prácticas para sus intereses , así sean la ruina de los nuestros.

Por todo ello es bueno que el equilibrio geopolítico no se incline hacia un solo bando, sobre todo el de la derecha latinoamericana, acoplada sin protestar a los designios de Washington, motivo necesario para no alarmarnos tanto con triunfos como el de Chávez en Venezuela, que colateralmente nos pueden beneficiar con un poco de sutil presión sobre la insurgencia para que progresen los diálogos de paz.

Como pueden observar las decisiones de política exterior y sus aplicaciones, repercuten de manera exhaustiva en nuestras vidas, aunque parezcan asuntos ajenos y lejanos tomados por autoridades de distantes países, y por ello se convierten en  parte de nuestra cotidianidad.