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martes, 9 de julio de 2013

COACCIÓN Y CONSTREÑIMIENTO

OPERATIVOS CONTRA LA INSURGENCIA
Fotografia pagina web policia Nacional de Colombia
Sin duda las continuas mutaciones de la violencia han sido motivo de evaluación en reiteradas ocasiones a través de los tres años que llevo escribiendo este blog; y de nuevo me siento obligado a retomar el asunto, ante episodios que describen diferentes niveles de crueldad y de amenazas a la libertad de cada uno para actuar y expresarse.

Hace unos días observé un video alojado en you tube, que estaba concatenado a una reseña periodística de la prensa británica, este material mostraba la decapitación de un sacerdote franciscano por parte de la turba islamita contraria al régimen sirio, sin duda una acto cargado de la más escandalosa barbarie, solo igualado por los actos protagonizados por los bestiales asesinos de los carteles mexicanos, o los escenificados por parte de las autodefensas colombianas o por sus contradictores pertenecientes a la insurgencia del país, hechos que permiten ubicar a Colombia como el país con mayor violencia de Latinoamérica.

En este marco de atrocidades surge un elemento que se ha ido transformando en Colombia, a partir de la migración de habitantes del campo a la ciudad, y es esa violencia manifiesta en el campo por acción de los actores armados, que ahora se presenta en los barrios marginales y los de estrato popular en forma de micro extorsión o de jóvenes dedicados al sicariato, potencializada con el micro tráfico de narcóticos y el desplazamiento causado por pandillas y combos, que se han alimentado también con la incorporación de ex combatientes de las autodefensas; sin duda toda un nuevo universo de elementos perturbadores que desbalancean con ahínco a nuestro incompetente sistema de justicia y de seguridad.

Latinoamérica en su conjunto aporta la tercera parte de los homicidios de todo el mundo, y como ya lo expuse Colombia posee el deshonroso primer puesto en el subcontinente, de ahí mi desazón cuando a través de historias no oficiales o de algunas notas de prensa se comenta sobre el incremento de extorsiones a comerciantes, condominios residenciales y ciudadanos en general, sin que haya una clara y oportuna respuesta de las autoridades que encubren la dimensión real del problema o en el peor de los casos lo desestiman con la manida excusa de la falta de denuncias, cuando es de público conocimiento que los hechos se han ido acrecentándose, trasladándose de los barrios informales de la periferia a los barrios populares y ya se escuchan noticias de barrios de clase media.

Es tan desalentador el progreso de estos hechos que inclusive se ha generado un nuevo fenómeno de desplazamiento dentro de las mismas ciudades, produciendo un suceso inédito con resultados aún difíciles de evaluar por el desconocimiento de cómo se desenvolverán los sucesos en el mediano plazo, mas lo que sí está claro es que dichos hechos son incubadoras de otras formas de violencia como respuesta al perverso éxodo que comienzan a crear.

Ahora que el gobierno central continua desarrollando su estrategia de paz, vendría a bien restablecer el orden en las ciudades y desarmar a tiempo estas peligrosas bandas de extorsionistas con estrategias policiales y de intervención social, pues de resultar con buen término el progreso de negociación con las guerrillas, aumentará en no menos de 12 mil combatientes el complejo panorama de reinsertados a la vida civil, que podrían acrecentar las posibilidades de nuevas extorsiones y de otras formas de violencia en las ciudades.

Sin duda este es de los mayores obstáculos de la paz, el alcanzar la integración a la civilidad y a la normalidad citadina, para estos hombres y mujeres ignorantes, acostumbrados a portar un fusil que despierta poder y autoridad para amedrantar a sus conciudadanos; por ello será esta la prueba definitiva que asegure el éxito de los acuerdos con los grupos violentos del país, porque recordemos que un elemento alimentador de la actual crisis, se deriva de los deficientes e ignorados arreglos con las que las numerosas compañías de combatientes de las autodefensas se incorporaron a la normalidad de la vida civil y son procesos ultimados hace unos pocos años, por lo que no se pueden cometer los mismos errores.

Mi conclusión hoy es que los factores que atizan la violencia mutan continuamente, por ello es necesario que las autoridades civiles y de policía evoluciones también con las soluciones que atenúan o evitan la proliferación de estas causas. A nosotros como ciudadanos solo nos resta presionar a administradores civiles y a autoridades de justicia y de policía para que contribuyan decididamente en la solución de estos graves asuntos.      

lunes, 6 de mayo de 2013

DEBILIDAD Y PASIVIDAD



Fotografía Sitio Web CUT.org.co 
Marchas de Trabajadores
Congestionadas marchas del 1 de mayo reclamando derechos perdidos o demandando legítimas retribuciones salariales y pensionales, colmaron calles y plazas en muchas ciudades del mundo con motivo del día internacional del trabajo, caminatas salpicadas con algunas escaramuzas y adornadas con discursos enardecidos, elaborados por fogosos caballeros que caducan como líderes al no obtener resultados concretos.

España con cerca de 6 millones de desempleados colmó sus ciudades de caminantes protestando ante el cinismo de un fracasado Mariano Rajoy, conductor de las políticas económicas y sociales mas erráticas de toda su historia moderna, este hábil político no teme a sus detractores ni a sus electores y además no posee vergüenza ante la desesperanza y el agobio al que ha sometido a todos estos desdichados de tal manera que las marchas no lo intimidan.

Colombia estado inequitativo por costumbre instaurada desde su fundación y conducido con la incompetente teoría neo-liberal sin asomo de cambios, marchó con múltiples muestras de protesta, en busca de las reivindicaciones salariales y de seguridad social integral, pero al igual que en España la pasividad ciudadana y la falta de perseverancia de los dirigentes obreros, no facilita que las justas reclamaciones expuestas durante las caminatas trasciendan y se enfoquen en verdaderas soluciones negociadas con el estado y los empleadores.

Siempre me he cuestionado porqué somos tan débiles de carácter ante los innumerables problemas comunitarios que deterioran nuestra calidad de vida, además de cuál es la causa para que el grueso de la opinión pública  no se motive ni aún para escribir una nota de protesta, acompañar una caminata, realizar un plantón, apagar el teléfono móvil y menos apoyar una desobediencia civil.

Si como sociedad civil no manifestamos nuestra inconformidad contra los desmanes adjudicados al estado y nuestros dirigentes, entonces para que nos lamentamos en todas nuestras actividades sociales; a todo momento clamamos por el elevado costo de los combustibles  que crece cada mes, por las aberrantes prácticas corruptas que día a día resplandecen con mayor actividad además de reclamar por los abusos autoritarios del procurador, por los excesos verbales de Uribe, por la deslealtad de Santos ante promesas de su campaña, por la pusilanimidad de alcaldes y gobernadores que administran los recursos para satisfacer a sus aportantes financieros y padrinos políticos; pero de ahí no trascendemos,  evitándonos así con ello el consabido esfuerzo de proteger el bien común, que aún no comprendemos es la propiedad colectiva, que al ser despilfarrada genera una pérdida financiera para todos.

Pocos colectivos tienen el valor de reclamar con vehemencia sus derechos y de exigir a sus líderes por los deberes cumplidos a cabalidad, como si ocurre entre algunos de los pueblos árabes; pareciese que es una postura común en occidente, arrepentirnos  y contrariarnos  por los hechos acaecidos, sin asumir la responsabilidad de enfrentarnos ante las conductas indebidas o la inmoralidad en la gestión de los recursos públicos.

Elección de funcionarios con conductas polutas en Colombia, desahucios viles en España y Estados Unidos, desalojos y desplazamiento violentos por el control de la tierra en Colombia, abusos de la fuerza pública por toda Latinoamérica, inoperancia del sistema policivo y judicial mexicano ante la inaudita violencia de la mafia de ese país en contra de los periodistas y sus familias; son todos acontecimientos que forman parte de un interminable rosario de acciones innobles, que leemos o seguimos por la televisión despreocupadamente mientras no nos atañen dichos asuntos.   

Débiles y pasivos, es ahí en donde radica nuestra incomprensión del esfuerzo comunitario, solos somos totalmente frágiles, unidos podemos ser muy persuasivos y convincentes.

La decisión correcta está en nuestras manos, no más lloriqueos cobardes, se requiere solo de actitud luchadora ante lo aparentemente imbatible, puesto que todo problema es franqueable.