Fotógrafo Robert Linder
Mientras pretendía iniciar esta
reflexión sobre decisiones y actividades que sin la menor discusión presentan
las características que le dan motivo al título del escrito, ha sucedido el
secuestro o retención del general comandante de la fuerza de tarea Titán en el
Choco. Solo mencionare que nadie en su sano juicio consideraría asumir el
riesgo que este curtido militar decidió contraer, al menos que el resultado
esperado de la acción superara con creces el peligro de tal decisión. Ante ello
me parece aventurado realizar especulaciones sobre sus motivos, así que omitiré
opinar sobre este episodio hasta no conocer las declaraciones del señor
general
Retomando el punto inicial de la
discusión, resulta desconcertante la actitud que asumió el ministro de salud
economista Alejandro Gaviria, en el caso de la paciente necesitada del
trasplante de médula ósea. Su justificación se concibe en esa clásica actitud
de menospreciar el dolor ajeno, más cuando se trata de alguien que no pertenece
a las altas elites políticas o sociales de Colombia. Estamos cansados de
vivenciar las amargas diferencias de trato para resolver los problemas entre la
gente de a pie y los amigos y socios del poder.
Por si fuera poco el economista
Gaviria es de lejos un hombre frio y calculador que desconoce el sentido de
compasión o de humanidad. En repetidas ocasiones lo ha comprobado desde cuando
era decano de economía de la universidad de los Andes y escritor del diario El Espectador,
este señor proponía teorías y normas provistas del menor sentido de
conmiseración. Como aquella en la que avalaba la cancelación de las mesadas de
jubilación para los mayores de 80 años como respuesta al déficit de los fondos
pensionales y como esta lucida propuesta tiene otras del mismo estilo. De ahí
que poco era lo que se podía esperar de parte del señor Gaviria en el caso de
Camila Abuabara; ahora él ha actuado con la actitud justiciera de siempre, en
la que el código, la economía y el proteccionismo del ente privado priman sobre
la salud humana y la conducta compasiva. Inclusive realizando acciones de
cabildeo, como lo denunció el abogado de la chica, ante el juez que ha llevado
la causa de reclamación interpuesta por la joven.
Pero aquí él no es el único
responsable de la actitud fastidiosa y desalentadora frente a la paciente. Su
EPS a regañadientes y bajo la presión de los fallos judiciales se ha visto
obligada a actuar en favor de la enferma. Todo esto vislumbra el tortuoso
camino que debe transitar un enfermo afectado por una enfermedad catastrófica, en
donde siempre predomina el mercantilismo sobre el cuidado del enfermo en la
prestación obligatoria de servicios de salud. Aunque recordemos que este
servicio no es gratis, pues cada abonado entrega un porcentaje establecido por
ley para tener derecho a esta prestación.
Pero este no es un caso aislado, ahora
los invito a considerar estas otras denuncias.
Una mujer gestante y mayor de 40 años
acude a realizarse una ecografía de control, como parte del especial cuidado
que se debe realizar a las embarazadas de alto riesgo, como es el en el caso
señalado.
Este examen lo realiza una entidad
estatal con un costo razonable frente al valor que recauda una institución que
efectúa ecografías de carácter privado. La entidad privada cobra hasta 4 veces
más el valor asignado por la organización estatal. Pero el análisis en la
búsqueda de mal formaciones fetales, que tiene un valor por lectura, solo lo
realizan los expertos de la institución privada y exigen sin la menor prudencia
que la ecografía provenga de sus instalaciones, puesto que no admiten el examen
realizado por el laboratorio estatal.
¿Qué sucede con las cientos de
gestantes en alto riesgo que no pueden costear el valor de la ecografía
realizada en la organización privada?
Resulta que este tipo de pruebas no
estas cubiertas por el plan obligatorio de salud, así que quien no tiene como
costearlo solo puede desear y orar para que su bebe nazca sin malformaciones.
Como debemos calificar este tipo de
conducta de los profesionales del sector salud ¿Cinismo, falta de decoro o
aberrante mercantilismo? Sugieran estimados lectores cual es el calificativo
adecuado para tal comportamiento.
Una mujer mayor de 84 años y que en
los últimos 35 años ha pagado cumplidamente su seguro de medicina prepagada,
sufre 3 infartos que desencadenan una series de nuevas patologías, agravadas
por una mediocre atención del servicio de medicina al que está adscrita. Ella
cumplidamente ha visitado al menos 2 veces al año a un internista en los
últimos 15 años para que evalúe su estado general de salud y prescriba los
exámenes y tratamientos adecuados a sus eventuales problemas médicos. Por
increíble que parezca este profesional no consideró necesario realizar pruebas
al corazón a pesar de una diabetes establecida hace varios años y problemas de
presión arterial alta. Ahora con la edad tan avanzada los médicos que la
atienden se cuestionan de por qué no se le practicaron angiografías o
cateterismos a su corazón para construir un diagnóstico adecuado y prevenir
obstrucciones que conllevaron a los infartos.
Ahora cómo es posible que una persona
cotizando un servicio que en apariencia es de primera categoría no recibe la
adecuada valoración profesional en órganos que se deterioran por la edad y sus
dolencias que se han ya establecido. Resulta curioso que al señor internista no
se le ocurriera jamás realizar una valoración a fondo para la paciente en
asuntos cardiovasculares.
¿Sera impericia médica? O es una
muestra de apatía en responder éticamente por la salud de un paciente.
¿Pesará sobre la continuidad
contractual del médico en cuestión, si expone a la institución a costosos
procedimientos con demasiada reiteración?
A igual que con del asunto del Ébola,
surgen dudas inmensas en el comportamiento ético y profesional de un numeroso
grupo de profesionales adscritos a este digna profesión, que vela por el
derecho primario de la salud.
¿Seguirá el comportamiento mercantil anteponiéndose
al adecuado servicio de prestación en salud y en consecuencia deterioraremos
con mayor hincapié nuestro modelo de vida en sociedad?
Como siempre dejo en manos de cada uno
el respectivo análisis y la reflexión que nace de ahí.
El problema de la Medicina en Colombia es que no produce votos, y por ende, no se considera prioritario, de ahí a que todos queramos imponer nuestra palabra, sin tener en cuenta a las demás. Incluso, pasamos por encima de Hipócrates.
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